Abdul SABÍA que iba a caer el rayo, había pagado mucho por la fuente de información y sabía que era fidedigna. Desgraciadamente no sabía CUANDO caería.
Esperó días, semanas, meses, años… hasta que su paciencia se agotó, todo tiene un límite, que diríamos…
Todo esos recursos que dedicó a la búsqueda de la iluminación fueron quizá lo que le alejó de ella. Imagina que hubiera pasado si Abdul nunca hubiese sabido del rayo. Muy probablemente hubiese tenido que cruzar el desierto por negocios. Es posible que parase a reabastecerse en el oasis. Sólo tal vez tuvo que espantar a un paria que mendigaba por la zona y es improbable pero quizá cierto que se sentase a descansar unos minutos bajo una palmera. En ese momento el rallo cayó y lo mató.
Dios es lo más elevado.
El bufón es lo más bajo.
Dios se alegra de la diferencia
El bufón lucha por la igualdad.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.
El bufón es Dios.
Las arañas se apretujaban en la entrada de la sala subterránea. La mayor exposición de Arcanas desde que se recuerda, estas piezas esféricas de seda, endurecidas por el calor de la fricción con la que se elaboraban, eran la principal atracción cultural de las arañas. Una araña no se consideraba plenamente integrada en la sociedad arañil si no había fabricado al menos una Arcana. En verdad había muchas, muchísimas Arcanas y, aunque no todas las arañas lo sabían, cientos de esos artefactos se acumulaban en templos, museos, y hasta almacenes polvorientos. Una mafia de arañas ladronas de Arcanas nutría el mercado negro…
Hasta que la más famosa araña creadora de Arcanas desveló el secreto que cambiaría para siempre la manera de entender las Arcanas. Había un ritual con el que el artefacto era consumido, perdiéndose para siempre. Pero el que realizaba el ritual ganaba un año de vida. En pocos días los expolios a colecciones de Arcanas se generalizaron. Y muchas arañas poderosas rejuvenecieron, hasta dándose el caso de una araña que consumió demasiadas Arcanas y retrocedió a la forma de un huevo sin fertilizar.
Una mañana la expedición de la más intrépida araña exploradora, regresó con noticias sorprendentes. Habían encontrado otra comunidad separada de arañas pero vivían de manera muy extraña…
Usaban la seda para fabricarse nidos en los arboles, y fabricaban también unas enormes, redondas, y pegajosas telas de araña, con las que cazaban insectos de los que se alimentaban. Lo que más había impresionado a los exploradores, en el contacto inicial, es que toda araña de la comunidad parecía enormemente feliz…
La ruta era segura y rápidamente se convirtió en el destino favorito de vacaciones de las arañas sin memoria, que cuando viajaban allí la recuperaban y no se querían volver.
El santo incorruptible no paraba de quejarse. Varias partes de su cuerpo fueron sustraídas para ser usadas como reliquias (había sido un santo muy milagroso). Debido a su santidad incluso muerto tenia conciencia de cuerpo físico y las mutilaciones recibidas le dolían sordamente pero con intensidad. El santo incorruptible se quejaba cada vez más. Lo intentaron amordazar, pero era inútil, un ronco quejido resonaba en el edificio. La gente ya no se acordaba de la bondad y la sabiduría del santo en vida. Sólo tenía memoria para la mala noche que los bramidos del santo impútrido le habían hecho pasar. El encargado de organizar el carnaval lanzó la idea. Era un santo, pero ahora es un demonio, no deja descansar a nadie en el pueblo…
Propongo que lo vistamos de diablo con un disfraz de carnaval y lo encadenemos a la estatua de piedra de la virgen.
La gente del pueblo, que no dormía bien desde hacia semanas, pagaron su frustración con el, en vida, adorado santo, Un frutero puso un puesto de verdura podrida que la gente lanzaba con entusiasmo al demonio quejicoso, entre insultos.
CRÍA PERROS, que te devorarán.
Era una tarde fría en el parque pero aún así Carmen y Juan habían salido a pasear. Juan se sentó en el banco de madera mientras mirando el cielo desapacible deseaba haber traído el paraguas. Carmen se quedó allí plantada, de pie, había visto algo y bizqueo los ojos intentando enfocar… Mira Juan, es un perrito… Pobre, no tiene collar, seguro que vive en la calle.
Juan se quedó mirando el animal y este se animó a acercarse un poco, el hombre sacó un paquete del bolsillo. Eran los restos del bocadillo del almuerzo. ¿Crees que se comerá el pan? Yo creo que nos devoraría a nosotros si pudiese…. ¡está en los huesos!
En la caverna de los brujos no solía haber mucha diversión. El joven Zar estaba harto de estudiar la cábala, pero tenía una prueba de interpretación al día siguiente…
Si paso la prueba podré tener mi propia esposa…
Zar era un jóven de sangre caliente y tenía varias muchachas de pelo esmeralda en el punto de mira. Pero tenía una favorita, Seel.
La jóven tenía una larga y ondulada cabellera verde. Sus rasgos parecían haber sido esculpidos por los clásicos, su risa era musical y fluía como una fuente con generosidad. Como todas las mujeres de la caverna de los brujos Seel era sumisa y obediente. Había sido educada para satisfacer al varón que le fuese asignado. Pero ella en secreto deseaba a Zar, pues el mozo no estaba de mal ver.
Al día siguiente Zar había dormido poco o nada, y se tenía que enfrentar a la prueba de interpretación de la cábala. El joven repetía para sus adentros las fórmulas numerológicas básicas en la búsqueda de esquemas en el cáos numérico, mientras esperaba su turno para pasar la prueba. Cuando por fin le llegó el turno se sentó frente a la comisión evaluativa observando los dados de marfil de los que debería adivinar el resultado.
Ya se habían desvelado 4 dados, 3 habían sido aciertos y un cuarto se declaró nulo por el descuido del evaluador que movió el dado. Sólo quedaba la prueba del color… En ese momento pensó en Seel y en su cabellera esmeralda, ya se veía casado con ella… La mente se le nubló y dijo…¡verde, verde! El evaluador sonrió cinicamente al dar la vuelta al cartel azul. Lo siento muchacho, no ha sido una mala prueba después de todo, has quedado en segundo lugar… Zar soltó el ábaco con cierta violencia y maldijo entre dientes. Debía quedar primero para poder elegir antes que nadie. Todo ocurrió muy deprisa entonces, El evaluador alpha felicitaba al ganador, un mozo gordo con entradas y coronilla. Unas manos taparon los ojos de Zar y un aroma fresco y floral llenó su nariz. ¡Seel! ¿Qué haces aquí? He venido a felicitarte, eres un maestro de la cábala no te pudo ir mal. El ganador de la prueba los observó y le comentó con despreocupación al evaluador. Creo que ya he hecho mi elección.